NUEVOS JUEGOS VARIADOS

EL JUEGO ORIGINAL DE DECIR “¡ALTO!”

Podría parecer que los magos ya hubiesen usado en tiempos anteriores todos los recursos existentes para los juegos de cartas y que a los sucesores sólo nos quedase la posibilidad de mejorar los métodos antiguos. Esta es una de las razones por las que el público se queja de que la magia es siempre igual. Si bien para un mago el hecho de mejorar un juego ya existente lo convierte en uno nuevo, para el profano el efecto sigue siendo el mismo. Como no conoce, ni tampoco le interesa conocer, los métodos tan perfeccionados con los que se hace ahora el truco, preguntará ingenuamente: ¿Por qué los ilusionistas hacen siempre los mismos juegos?. El mejor espectador para un buen mago es aquel que tiene algunas nociones de la parte técnica de la prestidigitación y, por tanto, puede apreciar su habilidad. Esto podría constituir un buen argumento a favor de la apertura a todos de nuestros llamados "secretos", de la revelación de los trucos, pero nos estamos alejando del tema que nos ocupa. El primer juego de decir "¡Alto!" lo inventó Robert Houdin hace más de un siglo. El efecto era fundamentalmente el siguiente: se elegían tres cartas de una baraja, a la que posteriormente se devolvían. Se mezclaba la baraja y el mago, situado al lado de la mesa, iba dando cartas de una en una y dejándolas en la mesa cara abajo. El espectador debía decir "Alto" cuando quisiera. En ese momento, el mago volteaba la carta que tenía en la mano, que siempre resultaba ser la elegida. El efecto se repetía varias veces con cartas que aún quedaban en la mano. A continuación presentamos el efecto tal como lo realizaba Ralph W. Read.

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